Crecí en el barrio, y claro, me hicieron bullying por ser “diferente”, pero después encontré esa voz de liderazgo que hasta hoy me caracteriza. Me hice determinado, cuando algo se me mete en la cabeza, no lo suelto hasta que lo consigo.
En la primaria, la maestra me decía que yo no servía para nada y que nunca iba a poder hacer nada más que vender dulces en los cruceros. Claro que me sentía mal; era un niño que no comprendía por qué le había tocado nacer así. Después, mi mamá me cambió a una escuela donde la educación era personalizada para personas invidentes. Comencé a escribir a los 6 años y pude hacer mi primera frase en braille en una semana. En esta escuela también tuve mi primer contacto con el deporte. Cuando tenía 10 años la maestra de educación física nos llevó al CODE a unas pruebas de atletismo. Después, habló con mi mamá porque me vieron aptitudes para pertenecer al equipo.
Siempre he pensado que estamos en los lugares correctos y que hay algo que nos guía hacia donde tenemos que estar. Esto lo confirmé una vez que me vieron jugando fútbol y fui convocado a la selección con la que pude representar a México en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, Toronto, Lima y en los Juegos Olímpicos de Brasil.
Una vez que pasó esto, me retiré por un tiempo para cumplir otro sueño: estudiar una carrera. A los 17 años, me independicé por decisión propia, terminé la preparatoria y decidí tomarme un año sabático antes de entrar a la universidad. En verano, vendía bolis y en invierno, pays de queso; así logré mantenerme, gracias a esta experiencia me enamoré de las ventas. Uno de mis sueños es tener mi propia empresa. Una vez que terminé la licenciatura en Negocios Internacionales en la Universidad de Guadalajara, la vida me llevó una vez más a aquello que tanto me había regalado en mis años de adolescencia: el deporte.
Yo no estaba en forma; había perdido condición, pero conservaba la inquietud de realizar un triatlón. Fue en una comida a la que me invitó un amigo donde conté este sueño, uno de los asistentes me dijo: “Déjalo de soñar y ponte a hacerlo”. Mis entrenamientos comenzaron la siguiente semana, con una bici prestada; era febrero. En mayo de ese año, hice mi primer Ironman.
La bicicleta me gusta mucho porque, cuando voy a alta velocidad, siento la adrenalina y una sensación de poder volar. Además, encontrarme con la bici me reconecta con mi infancia y con los recuerdos de mi papá, ya que él de niño me enseñó a arreglar mi bici.
También he corrido maratones con guía, esto me ha enseñado la importancia de confiar, ya que se requiere de mucha comunicación para coordinar la zancada y el braceo. Actualmente trabajo en una empresa en área de compras, soy el encargado de transacciones e importaciones internacionales.
Mis prioridades integran varias áreas, porque me gustaría hacer una maestría en Finanzas, también me gustaría correr el Maratón de Berlín o de Boston, hacer el Ironman de Kona en Hawái y asistir al Tour de Francia como espectador.